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Gibara

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Gibara
Holguín
Sancti Spíritus
Pinar del Río
La Habana

 

Su nombre proviene de la palabra indígena "Jibá" designación que los indios daban a un arbusto que abundaba en las orillas de los ríos, lagunas, tierras  anegadizas de la zona. Esta creencia se ha mantenido hasta la fecha, pero hay otros que se empeñan en que la palabra Gibara proviene de "Jíbaro", voz  también  indígena que significa rústico, indomable. Lo cierto es que por esta región abundaba un árbol  de especial madera y  muy útil  para hacer carbón; su nombre Guiabara. Dicen que este árbol  aun existe y que se asemeja mucho a la Uva Caleta.   

Hay investigadores que plantean y aseguran que Gibara es el paraje de la costa norte de Cuba por donde arribó el 28 de octubre de 1492, el navegante Cristóbal Colón. La tesis fue estudiada y consagrada por el Ing. Luis Morales y Pedroso; aceptada  y declarada cierta por la Sociedad Geográfica de Cuba.  Dicen los libros que el primer Centenario de Gibara se cumplió el 16 de enero de 1917.  Según Acta de  Fundación del poblado de Gibara, fue precisamente ese día  cuando se colocó la primera Piedra del Casquillete de San Fernando y dio origen al poblado.   

Origen de una población muy peculiar

Una de las primeras villas de la Isla y, sobre todo,  una de  las más importantes de la Costa Norte Oriental fue ésta. Cuentan que  por el puerto  de Gibara se efectuaba todo tipo de canje mercantil entre el oriente de Cuba, países europeos y el resto de América, fomentando una población con características muy peculiares. Por ejemplo, hubo un gran asentamiento de españoles, holguineros, bayameses, y algunos europeos, los que tenían como actividad económica fundamental el comercio que le propició cuantiosas fortunas. 

La mayoría de ellos construyeron edificios civiles, domésticos, religiosos y culturales, que aún siguen siendo un testimonio de ese gran desarrollo socio-económico  que tuvo Gibara a partir del 2do tercio del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX.

Un acercamiento a la cultura de un pueblo cálido y acogedor. 

Desde el punto de vista cultural  los gibareños siempre han tenido muchas inquietudes. Cuando  caminas por esta Villa te das cuenta que no solo se construían y desarrollaban edificios teniendo en cuenta el  aspecto económico, sino que se preocupaban por la arquitectura más refinada de la época. Se crearon instituciones culturales como el  Gran Teatro de Gibara – que está ahí -  y que era una de las mejores salas teatrales del país.

Dicen que la madre de la Danza Contemporánea, Isadora Duncan bailó en el  Casino Español, que era entonces el nombre del  Teatro, formando parte de una leyenda, porque no existe un documento que recoja  tal acontecimiento. Cuentan que la Goleta donde viajaba  la famosa bailarina  tuvo una  avería y que llegó a la  Villa en horas de la madrugada. Ya en puerto conoce de la existencia de una preciosa instalación y pide bailar para el público presente pero sin ningún tipo de publicidad. En el Casino Español actuaron Brindis de Salas, Ignacio Cervantes y  Bola de Nieve, entre otras afamadas figuras del arte nacional e internacional.

El  Museo de Artes Decorativas de Gibara  es impresionante, majestuoso, mágico. Ambientado como cuando sus inicios, pues era propiedad de un importante comerciante de la Villa, dueño del ferrocarril donde se puede encontrar muebles antiguos, bajillas  francesas,  e importantes obras de  arte.

En el museo existe un cuadro que  impresiona  sobremanera. Confeccionado con cabellos humanos y  trabajado con una técnica interesantísima, aparecen en él, un Sauce con ramas  caídas, que en esta obra representa la tristeza; aparecen también un nicho, y un monumento llamado "La copa del Amor", mandado a hacer a Italia y esculpido en Mármol de Carrasco y trabajado en cristal de Opalina. El artista fue colocando de manera exquisita los cabellos de una muchacha hasta quedar confeccionada la obra que realmente es una pieza de alto valor artístico. El cuadro es un plano o un proyecto de una parte del cementerio de la Villa de Gibara, claro está, un poco ideal pero se acerca bastante a la historia que le proponemos ahora...

Historia y leyenda. 

Según la investigadora Liliana Caballero Aguilera, existía una familia  con 3 hijas y no era oriunda de Gibara. El  padre de estas muchachas, un importante comerciante de aquella época, poseía una casa muy visitada.  Un día llegó  un joven llamado Adolfo,  contador de una de las compañías que  radicaban en la Villa y así surge un amor muy intenso entre el joven y una de las hijas de ese comerciante. El noviazgo entre ellos fue intenso y, por varias razones: las características de la casa, los  ventanales con vista al mar,  los vitrales, el piano y sobre todo la edad, un día la familia ya había comido y la muchacha atendía a su padre, aplicándole un remedio casero._ Algo curioso_, al padre no lo atendía nadie de la servidumbre, sino su hija, lo que demuestra la estrecha relación que existía entre ellos. Ella se retira  a su habitación pues comienza a sentirse mal y lo relacionan con una ingesta.  El médico que había sido mandado a llamar porque una esclava estaba enferma, atiende primero a la señorita y le receta algunos purgantes. Adolfo visita la casa para ver a su amada y le dicen que ella  no se siente bien. 

El no podía verla, pues no se permitía que un joven entrara a la habitación de una muchacha. Abandona la casa con la esperanza de que se recuperaría su novia. Ya en la media noche lo mandan a buscar por la gravedad de la joven y es cuando le permiten la entrada a la habitación, con las hermanas presentes, que estaban retiradas hacia una de las esquinas del cuarto. Él se acerca, conversan, nadie supo lo que se dijeron, luego fallece ella.  

En los funerales  Adolfo pide a los padres que le permitan cortar el pelo a su amada. Esta es la historia,  estudiada e investigada por la Lic. Liliana Caballero Aguilera. Pero a través de la tradición oral hay muchas leyendas alrededor de la misma, que transcurrió en el año 1872. 

Todo esto refleja la riqueza de la fantasía  popular. Algo típico del gibareño; es increíble como embellecen el hecho más común de la vida. Por eso Gibara tiene un distintivo y no sólo por ese entorno mágico, sino por la cultura, la personalidad,  la forma de ser, las aspiraciones y  la  fantasía que caracteriza al gibareño. 

 

 

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