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Diario |
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Viernes 7 de abril.
Salimos de Jerez en tren a las 6.30 de la tarde, con una escala en San Bernardo (Sevilla), llegamos a Bobadilla a las 9.45. Con el coche de Pepe Alameda y sabiendo que la noche es joven, nos plantamos en Madrid a las 3.30 de la mañana. El viaje aún no había empezado.
Sábado 8 de abril.
Con tres aviones por barba, llegamos a Chania a las 16.00, no sin sorpresas y problemas por resolver.
Al llegar a Chania las maletas no estaban, pero peor aún fue en el cambio de Atenas: de la zona internacional a la nacional nos hacen salir y entrar del aeropuerto en 45 minutos. Logramos hacer todo (sacar la tarjeta de embarque, pasar por el puesto de objetos metálicos,…). Berrocal no estaba en el avión cuando nos montamos en él. Algo estaba pasando. En Chania nos informan de que las maletas están en Atenas. En el vertiginoso cambio de avión las maletas no corrieron tanto como nosotros. Hay que esperar al próximo vuelo, que es a las 10. En él pensamos puede aparecer Berrocal. Solucionamos el coche de alquiler, cena en Chania y vuelta al aeropuerto, mal señalizado. Toda una aventura. Vuelven las maletas, pero Berrocal no. Decidimos ir a Mirtos. Cerca de 300 kilómetros. Llegamos a las 3 de la mañana. A mitad de camino recibimos una llamada de Berrocal. Misteriosamente, llama desde el Hotel Hespérides, no sabemos cómo nos ha adelantado en este viaje tan frenético, y mucho menos si tiene las maletas o no.
Domingo 9 de abril.
No madrugamos. A las 11 de la mañana nos levantamos y cominos con nuevos amigos de Utah, Miguel y Susan. La comida griega perfecta. En el bar comimos con el acompañamiento de un funeral que se celebraba en la misma taberna en la que estábamos. Paseo en coche para ver el Arvy, una brecha natural en medio del monte y una visita al Ha-Canyon, un paseo de vértigo al otro lado de Ireapetha. Vuelta de noche, cena, celebración con dulces y aguardiente del país. Cama.
Lunes 10 de abril.
Nos vamos al Arvy, máxima vertical en toda la isla. Vamos a coincidir Americanos, Ingleses y nosotros. El Cañón está lleno de tubos de regadío al principio. Tiene una duración de 4 horas, una vertical de 80 metros y una zona de oscuros preciosa. Es un cañón muy vertical y estrecho, donde alternan los rápeles con las caminatas. Las paredes del final del cañón tienen una altura que le da un carácter excepcional. Al regreso nos informan de que el jueves hay posibilidad de lluvia. El Ha-Canyon caerá en breve.
Martes 11 de abril.
Cabe destacar la cita de la conocida guía de viajes “Lonely Planet”, donde hablando del Ha-Canyon, nos dice: “A 13,5 km de Ierapetra se encuentra la garganta de Ha, uno de los desfiladeros más desafiantes de toda Europa. Es un lugar donde hacer escalada extrema más que excursiones, una estrecha grieta abierta en las montañas imponentes del lugar que puede verse desde la carretera Agios Nikolaos-Ierapetra. Ha sido completada por un pequeño número de personas, aunque sigue atrayendo a escaladores expertos y profesionales de la escalada que intentan sin cesar esta travesía difícil, en ocasiones, peligrosa. Solo recomendable para escaladores experimentados.” En fin, sin comentarios. Ha Canyon, es quizás el barranco más nombrado de la isla. La misma salida del cañón merece la pena visitarla. El acceso de la descripción en bueno, sin embargo los “tracks” que nos dejaron nos meten por una pista mil veces peor y mucho más larga. Es preferible optar por el primer cruce que está señalizado con unas letras esculpidas en piedra. Cañón largo, encajado y alto. En algunos momentos, las formaciones y las vistas son inigualables. Un gran cañón. Es importante prever que la salida del cañón es una marmita trampa, la cual es necesario equipar para poder salir de allí con no más de 2 metros de cuerda. Es interesante saber progresar por la cuerda para que el ascenso de esos dos metros no sea demasiado penoso. La estratigrafía del final del cañón es perfecta, dando la sensación de salir por la puerta de un castillo. Estéticamente perfecto.
Miércoles 12 de abril.
Este día lo dedicamos al descanso. Decidimos ir por el interior de la isla hasta Heraclion. Una madeja de nudos de carretera de interior y un serpentear de curvas imposible de enderezar nos lleva, después de 2 horas, a la capital de la isla. Cnosos es algo parecido a Medina Azahara, reconstruida al antojo de Sir Arthur Evans a golpe de hormigón. En fin, bien, pero no más. Por el precio de la entrada vamos al Museo Arqueológico, donde vemos el resto. Museo pequeño y muy manejable. En apenas una hora vemos todo y vamos a por el “cafelito”. La vuelta es por la costa, mucho más largo pero la carretera mucho mejor. Varios sustos nos hacen recordar que seguimos en Grecia y que sus carreteras son más peligrosas que sus cañones. En otras partes de nuestra web, se menciona cómo nos hemos jugado “el pellejito” conduciendo por carreteras Italianas. En Grecia es infinitamente peor. Cuidado.
Jueves 13 de abril.
Elegimos el Portella. La topografía que nos dan es corta. Demasiado pequeña. Nos dicen que se trata solo del tramo inferior y que el tramo medio es el que merece la pena. El superior, un alpargatazo sin interés. Optamos por el tramo medio y final. La instalación muy buena, tipo francés con pasamanos recuperables y caídas sin roce de cuerda a la vertical. Después del famoso paso sifonado (una ventana enorme por donde se puede pasar en coche), rápel de 40 metros y seguimos bajando, andando. Cuando parece que el cañón está concluido, sigue y sigue con media docena de rápeles más y alguno de ellos con más de 20 metros. Llegamos al pueblo. Mañana elegiremos uno seco. La “fiesta party” prometida por la organización del evento queda pasada por agua y la carne de la barbacoa la comemos dentro del salón del hotel. Una orquesta local nos recuerda que nos encontramos en Grecia y en algunas de sus canciones nos deja ver lo mucho que tenemos en común españoles y griegos.
Viernes 14 de abril.
Decidimos hacer un barranco corto y sin agua para que tanto las cuerdas como los neoprenos se sequen de forma conveniente y no pesen más de la cuenta en el avión a la hora del embarque. Embarque el que tuvimos a la hora de encontrar la ermita, el depósito de agua y la pista de tierra, ya que por estos lares no hay más que ermitas, depósitos de agua y pistas de tierra. Por fin vimos las dos brechas del Bambou. Uno es amplio y con agua y el otro estrecho y seco. A “machete”, como dice nuestro amigo Nino, subimos durante casi dos horas por el margen derecho de estos dos cañones. Al final decidimos bajar, coger el coche y seguir las indicaciones para 4x4 por el margen izquierdo. Al terminar la pista vimos el depósito metálico y las marcas rojas, prometidas en las descripciones. El cañón corto y encajado tiene un rápel sin instalar, para lo que hay que utilizar la instalación superior. “Ojito” con ello. En una hora y poco salimos andando. Breve, pero bonito.
Sábado 15 de abril.
Nuestro avión sale de Chania hacia Atenas a las 10.50. Decidimos madrugar a las 4.30 para embarcar a las 8.50. Cruzar la isla con un Daewo tamaño mini, 4 personas con 2 ó 3 maletas cada uno, de noche por Grecia (conducción temeraria, recordamos), lloviendo a mares y por una carretera con mal firme en algunos tramos, fue pura poesía. Al llegar a Chania, la carretera al aeropuerto cortada. El coche en la reserva y con la hora encima. Atravesamos Chania y, detrás de 2 camiones, llegamos al aeropuerto. Nada puede ir peor. ¿Seguro? Berrocal, que a la vuelta tuvo problemas para llegar al aeropuerto, no avisó para que le reservaran el vuelo de vuelta desde su aeropuerto original. Al embarcar, nos dimos cuenta de que tenía el vuelo cancelado. En los últimos 5 minutos antes de que despegara el avión, se solucionó y volamos los 4 juntos. Después de 3 aviones nos reunimos en Madrid-Barajas, cerca de las 12 de la noche del sábado. Esa noche se condujo con música de Dire Straits hasta las 5.30 del día siguiente. En Alameda 2 horas de sueño y a las 8.30 estábamos dentro del un tren en Bobadilla. Otro trasbordo más en Sevilla y llegaríamos a Jerez. Por fin en casa.
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