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Diario |
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Día 1. 28 de Julio de 2004. Burgos – un lugar antes de Hornillos del camino.
Salgo de Valladolid y en una hora y poco estamos en Burgos capital. Sin demasiado ambiente de peregrino y con gente por todos los lados. Corre prisa sellar la credencial en cualquier lado y hacer unos cuantos kilómetros para quitarme la urbe de encima. Son la 8 de la tarde y quedan pocas horas de luz. Pregunto en la tienda de souvenirs de la catedral (je, je suena americano), y me dicen que tengo que ir al albergue de Burgos. Me despido y enfilo las calles de Burgos con la referencia de estar enfrente de un polideportivo y una piscinas. Justo enfrente y detrás de un muro de piedra, se encuentra una modesta ciudad de peregrinos, entre calcetines tendidos y mochilas de todos los tamaños y colores. La hospitalera me dice que este año no había demasiada gente y me invita a quedarme. No acepto y prosigo mi camino hacia un sitio cómodo y solitario donde dormir sin el pestazo a tigre y las sinfonías de ronquidos características de los albergues. La salida de Burgos paralela en algunos tramos al río Arlanzón no es demasiado fea. Poco a poco van cayendo los kilómetros y el ambiente a ciudad desaparece. Empieza a oscurecer y van pasando los pueblos de Hospital del Rey, Villalbilla de Burgos, Tardajos y Rabé de las Calzadas. Paso algunos peregrinos que van a pie y cuando no veo a nadie empiezo a buscar donde cenar un bocadillo que me he comprado y poner en el saco. Poco antes de la Cuesta Matamulos hay una fuente con un techado. Perfecto. Cojo paja de un campo que están segando y me hago un colchón para dormir en blandito. El ruido de las segadoras, no muy lejos, me adormecen y caigo echo un ocho. Mañana será otro día. Solo han sido 18 kilómetros.
Día 2. 29 de Julio de 2004. Un lugar antes de Hornillos del camino - Fromista.
El ruido de gente caminando de noche me despierta varias veces y el sol hace que abra un ojo. Son peregrinos que aprovechan a caminar con la fresca. Y es que la tarde de ayer se me pasó volando y casi no me acordaba que estaba en ruta. Desayuno y afronto la cuesta Matamulos antes de llegar a Hornillos. Un camino ondulado y con piedras y de vez en cuando con unas bajadas y subidas pronunciadas me lleva a Hontanas. Poco después paso en bici por debajo del arco de una iglesia de los que queda del Convento de San Antón y llego a Castrojeriz, un pueblo grande con un castillo en ruinas y un bar con terraza a la sombra de una iglesia preciosa. Pincho de tortilla con cerveza fresca. El del bar me pregunta si viene mucha gente y le digo que no. Por su cara entiendo que el negocio no va bien. Me dice algo de una cuesta pero no le atiendo. La cuesta famosa es la de Mostelares que se la encuentra el peregrino poco después de salir de Castrojeriz y pasar un puente de tablas. Otros ciclistas van delante de mi empujando sus bicis, y como bien se dice, adonde fueres, haz lo que vieres, dejo de pedalear y en unos minutos me planto arriba. Recupero el aire y mira hacia atrás. La panorámica en un horizonte quebrado por cerros cortados al ras y valles modestos. Hacia delante, ancha es Castila y monótona para el peregrino también. En Boadilla del Camino me paro a ver un crucero llamado el Rollo Jurisdiccional, muy bonito, si señor. Paralelo al Canal de Castilla y cruzando por encima de una esclusa llego a Fromista, fin de la primera etapa. Podría seguir un poco mas, pero ya habrá tiempo para gastarse. El albergue esta vacío, muy cerca de la Iglesia de San Martín, la cual parece una maqueta del románico. Si os fijáis en sus capiteles podréis ver todo tipo de figuras, hombres, animales, monstruos,... Como y empiezan las conversaciones, uno de Murcia que había salido de Somport, un grupo de chicas de León que cojeaban por culpa de las ampollas,...y una moza de Jerez que vine en mi barrio y que trabaja en Madrid. Un motón de casualidades que acontecen en el camino. Esta tarde llega una pareja al albergue pidiendo hospedaje. Dicen que no tienen dinero para pagar y que vienen en ambulancia ya que a ella después hacerla una cura de tendinitis descubren que está embarazada. Ante la negación de la hospitalera, él monta en cólera y reniega de la poca caridad de la gente. Unos que estaban en el albergue lo oyen y dejan dinero a la pareja, para que se queden a dormir y puedan regresar a su casa al día siguiente. Cosas del camino. Esa misma noche alguien intenta saltar por la tapia del albergue y es sorprendido. En el desayuno cuentan que hay mujeres disfrazadas de monja que piden albergue y comida gratis a los hospitaleros del camino,... Pienso en todo ello. Es el primer día de camino. Me recuerda al Lazarillo de Tormes y se me torna medieval el asunto. Sonrío y grito para mis adentros ¡me encanta! Esto es la vida, afrontar lo que te venga. Mas madera. Hoy han sido 54 kilómetros.
Día 3. 30 de Julio de 2004. Fromista - Sahagún
Salgo de Fromista y en una hora y poco estoy desayunando con una pareja de Alemanes en Carrión de los Condes. Su inglés es tan malo como el mío y nos entendemos a la perfección. Le hablo de los sitios que conozco en Alemania y las cervecillas que me tomé por aquellos lares y al final me preguntan que de donde soy,...pue de ezpaña killo!!! Termino el desayuno y salgo de Carrión cruzando en Puente sobre el....Carrión. Una recta interminable, después otra recta angustiosamente interminable y el sol que empieza a calentarme la colleja. Hay peregrinos agazapados en cualquier sombra. Se me está haciendo esto un poco largo. Por suerte cambia un poco el paisaje Ledigos y comienzo a pasar pueblos. Menos mal, así es mas entretenido dar pedales. Terradillos de los templarios, Moratinos, San Nicolás del Real Camino y un desvío inútil hacia la Ermita de la Virgen del Puente, para hacer varios kilómetros mas y no ver nada. Por fin Sahagún, pueblo ya en la provincia de León. Como y busco donde dormir. Pasando el puente del río Cea, enfrente del camping, hay una base de acampada, donde de forma gratuita me ducho, lavo mis ropitas y me dan un colchón limpito. Todo un lujo. El menú del camping es de 7 € y por fin como pasta. Mañana llego a León. Y es que después de tanto trigo y cebada, tengo ganas de entrar en otra ciudad. Hoy han sido 58 monótonos kilómetros. Una tortura para el coco.
Día 4. 31 de Julio de 2004. Sahagún – Villadangos del Páramo.
La noche ha sido un infierno. Han estado pasando camiones toda la noche, en el camping había fiesta con música a todo volumen y los mosquitos del río Cea, me han acribillado. Malhumorado y en ayunas, empiezo a dar pedales. Que noche, por dios, por dios. No he dormido ni un cuarto de hora seguido. En el Burgo Ranero, y con una pájara de órdago, paro a desayunar. Me siento las pulsaciones en la sien. Después de dos cafés con leche y 5 donuts, reacciono. Tranquilidad, que hemos venido a disfrutar. El sol a un no aprieta. Una recta con subidas y bajadas, me lleva a Mansilla de las Mulas. Después el camino pasa a la carretera repetidas veces, hasta pasado Puente Villarente, donde se decanta por una pista de cantos rodados y tres rampones que no se le olvidarán al peregrino de bici, ya que por la carretera se va completamente liso y recto a León. Entro en León, veo la catedral y de allí a la mejillonera, parada también obligada en León. Bromeo con el dueño del bar, preguntándole que si sellaban credenciales del peregrino. Entre pincho y pincho, como. Tengo que buscar un sitio para dormir ya que estoy roto. Me voy a Villadangos del Páramo. En el albergue coincido con gente como una chica de Barcelona que tras haber puesto anuncios en Barrabes para hacer el camino de Santiago este verano decidió ir sola porque “solo le respondían chicos” y encima la pedían foto. Hay otros ciclistas, en plan machaca, que vienen de no se donde y mañana quieren terminar a un motón de kilómetros de Villadangos. Les pregunto si puedo ir con ellos y me responden que encantados. Entre ese ajetreo de gente en chanclas, toallas colgadas en una barandilla y ampollas hay dos parejas en las que no recaí y con la que terminé en Santiago. Y esto es lo que mas me gusta del camino que empiezas solo y terminas rodeado de personas que sufren el camino igual que tú. Ceno en un mesón donde la camarera no pronuncia una palabra y donde el ruido del cuchillo sobre el plato parece romper la clausura del lugar. Salgo riéndome, de aquel lugar, y también algo mareado por el vino que parece haber entrado directamente al torrente sanguíneo. Hoy voy a romper el saco a dormir. Cuando llego no hay literas en las habitaciones. Cojo un saco y lo coloco entre la máquina de cafés y la de las coca colas. Caigo rendido. Hoy han sido 80 kilómetros.
Día 5. 1 de Agosto de 2004. Villadangos del Páramo – Rabanal del Camino.
Muy pronto, creo que demasiado pronto. Los tres ciclistas que conocí ayer me avisan que iban a salir. Otra vez en ayunas y sin quitarme las legañas de los ojos, me monto en la bici y comienzo a dar pedales. El ritmo de esta gente me excede y continuamente me voy despegando de ellos. Desayunamos en Astorga, que está de fiesta y durante el desayuno les pregunto que a que se dedican. Me responden con el nombre de los equipos de ciclismo en los que corren. ¡Así iba yo con la lengua fuera¡ Salgo con ellos dirección Ponferrada y a la altura del Ganso me despido de ellos, no puedo con su ritmo. Además yo me queda antes. Comienzo a subir a Rabanal del Camino. Cuando alguien vuelva a ver el letrera de Rabanal 2,2 Kilómetros, no lo haga caso, parecen 20. Rendido llego a Rabanal y me siento al lado de unos ciclistas que están tan frescos,...como sino hubieran dado pedales. Hablo con ellos de los últimos repechos y se quejan, pero no parecen ni sofocados. Luego me dicen que han empezado el Camino hoy y han salido desde Astorga. Y es que todo tiene su explicación. Van cayendo bocadillos de cecina y lomo Maragato, mientras espero a que abran el albergue y al final me dicen que en ese albergue no admiten bicicletas. Bueno,...pues a mandar. Me voy a otro. En el otro, me toca dormir en un colchón en el suelo, por llegar tarde. Entre refresco y refresco, idas y venidas al supermercado del pueblo, conozco a dos Madrileños, Antonio Gutiérrez Arias (Guti) y Juan Antonio Bris Rodríguez (Bris). Dos personas peculiares a primera vista. Hablamos de la etapa de hoy y me dicen que los últimos kilómetros les ha resultado duros. Les cuento que mañana los primeros 9 kilómetros son igual de duros, en frió y que además, mañana llegamos al punto mas alto de todo el camino Foncebadón. Entre conversación y conversación llega un chinito, el cual Guti, aclara que es Japonés. El japonesito, pues, nos cuenta que salió de su casa y tras recorrer Asia, y Europa, pretende ir a África en Bici. Lleva 45.000 kilómetros y 2 años pedaleando. Nos dice que mañana va a llover ante lo cual respondemos con un no rotundo y le explicamos que es a partir de la etapa de mañana cuando es probable que llueva. Se lo justificamos, con la idea de microclima del bierzo, diciéndole que el viene de los campos de castilla....etc. El japonesito nos dice que lo ha visto en Internet. Nos vamos a la cama pensando en para que querrán tanta tecnología. En bici,...45000 kilómetros... Esa noche fue la única que llovió, muy copiosamente y con fuerte aparato eléctrico, en todo el trayecto del camino de Santiago. Pobre chinito o japonesito, ahí, fuera del albergue en su tienda iglú, su bici y su Internet, y nosotros mirando por la ventana como jarrea. Hoy han sido 48 kilómetros.
Día 6. 2 de Agosto de 2004. Rabanal del Camino – Villafranca del Bierzo.
Amanece lloviendo y hace unas horas los peregrinos de a pie ya han salido. Hace falta moral para ello. Nosotros esperamos a que escampe. Entre trueno y trueno, miramos el perfil de hoy. Nada mas salir, un puerto y después bajada hasta Ponferrada, luego llanear hasta Villafranca del Bierzo. En lo alto de Foncebadon, un pelín mas para allá, se encuentra uno de los lugares mas emblemáticos para el peregrino, la cruz de ferro, donde de espaldas y hacia atrás, debe tirar una piedra de su tierra natal. Particularmente no suelo cargar con piedras mis alforjas y menos para subir un puerto, cada uno que haga lo que le plazca. Nada mas comenzar a bajar, nos encontramos con un lugar peculiar. Manjarín. No es ni mas ni menos que un pueblo desabitado, que un señor llamado Tomas, intenta convertir en un albergue y va muy bien en su intento. Hasta aquí normal, ¿verdad? Pues, el lugar está coronado por una cruz del temple, (Tau para los amigos), defendido por furiosas ocas, y el amigo Tomás, los días de niebla ayuda a los peregrinos a localizar el camino tocando una campana en medio del monte. Todo un crack. La bajada a Ponferrada es muy rápida, con una carretera limpia de grava, donde registramos nuestra máxima en descenso de 68 km/h. (Hijo vete despacio que no hay prisa). Antes de Ponferrada, en Molina seca, hay una piscina natural donde un bañito, te abre los poros de la piel. Nosotros a las 9 de la mañana, pasamos de largo. En Ponferrada, desayuno feroz y hacia Villafranca. Esta etapa es cómoda, pero conviene hacerla relajada ya que al día siguiente toca O Cebreiro. El Ave Fénix, el refugio quemado que resurgió de sus cenizas, nos acoge por 5€ la noche, con desayuno incluido. Un lugar, lleno de tablones, hierros, como si no se supiera si está en obras o a punto de derrumbarse. Seguimos el ritual que tantos día hemos repetido, candar las bicis, quitar las alforjas, duchita, colada, y cervecita en el pueblo. PUES NO. MAL. El dueño, el señor Jato, uno de los personajes mas peculiares del camino, no hecha una bronca de órdago por candar las bicis ya que da energía negativa al lugar. El mal karma provocado por la humilde cadena que pasa por dos cuadros de nuestras bicis, llega a hacer que nos ofrezca dinero por irnos a otro albergue. Explicaciones, disculpas y reverencias. Quitamos las cadenas y asunto resuelto. El señor Jato, se paga una ronda de bicis si nos las roban. Y es que ... hablando se entiende la gente. Cabe destacar un taller de bicis que tiene de todo. Un montón de iglesias y un entorno que nos avisa de que mañana entramos en Galicia. Después de la cena en el Ave Fénix, nuestro archí conocido personaje, nos invita a queimada. Mediante un ritual de lanzarla por el aire con fuego y todo, hace conjuros en gallego, latín,... y el público responde con aullidos. Menciona a los peregrinos con ampollas, tendinitis, gastritis, y los bendice. Después a los peregrinos que atan sus bicis,... y quedamos bendecidos. La noche termina al grito de Ultreia, como no podría ser de otra forma en un lugar mágico como el Ave Fénix. Al día siguiente, nuestro buen amigo Jato, nos sube las alforjas hasta el restaurante Carolo en lo alto del Cebreiro. Todo un personaje. Hoy han sido 55 kilómetros.
Día 7. 3 de Agosto de 2004. Villafranca del Bierzo – Triacastela.
Hoy subimos al Cebreiro, sin duda la etapa mas temida por todos, ciclistas y peregrinos a pie. Parece mentira que hace unos días estuviéramos en los campo Castilla y hoy pedaleemos entre montañas verdes. El camino empieza paralelo a la Nacional por un margen izquierda que está pintado de amarillo. No hay perdida. Hay varios caminos para cumplir esta jornada. El camino, impracticable para bicis. La carretera vieja, menos kilómetros pero mucho mas pendiente y la carretera nueva, mas kilómetros pero mas suave. Elegimos la última opción y primero subimos, el puerto de Piedrafita (un hueso duro) y cuando parece que todo a acabado quedan 4 kilómetros hasta el Alto del Cebreiro. La puntilla. Llegamos cansados y cervecita con bocadillos en el restaurante Carolo, esperando a que vengan nuestras alforjas. ¿Se habrá olvidado Jato de nosotros? Llegan nuestros amigos de Almería. Todos bien. Llegan nuestros amigos de Barcelona (Félix y Andreu). Todo bien, pero nuestras alforjas tardan. Cerca de las 12:30 aparecen las alforjas y comenzamos a.... SUBIR. Si después del Cebreiro, se baja un poco (muy poco) y subes el Alto de San Roque, donde se deja medio pulmón y después,... A SUBIR. Esta vez el Alto del Poio, que pienso que es mas duro que el Cebreiro, con todo lo que lleva uno en el cuerpo. Descanso, trago de agua y para abajo 17 kilómetros de bajada brutal. En algunos tramos huele a goma quemada de las zapatas. 72 kilómetros por hora marca el reloj de la bici de Guti. En Triacastela hay una fila de 150 personas para entrar en un albergue. Desde aquí, la masificación se hace patente. Decidimos un albergue privado, donde por 5€, la hospitalera de desvive por nosotros. Increíble esta mujer. El mejor albergue, muy humano y servicial. Lavadora, secadora y hasta una baño con bañera. Empezamos a comer por 7 €, a las 2, en un lugar y terminamos cerca de las 5 de la tarde. El servicio lentito. Comienza a llover y lo deja. Partida de cartas, mientras se lava la ropa. Comienza a llover y lo deja. Paseito por el pueblo, ya somos 8 paseando. El grupo se agranda. La pena que sea casi al final. Estas son las cosas que apenan en los viajes, su fin. Como cuando tienes una conversación en el vagón de un tren y al minuto te bajas y ves como se va. Comienza a llover y lo deja. Hoy han sido 51 kilómetros.
Día 8. 4 de Agosto de 2004. Triacastela – Palas de Rei.
Hoy nos espera una etapa de constantes subidas y bajadas. Toboganes de bajada que no llegan a impulsarnos del todo para subir el siguiente repecho. Nada mas salir de Triacastela, hay una subidita que te recuerda donde estas. Galicia. No existe tal bajada a Santiago. Parada técnica en Sarriá. Hasta aquí todo tranquilo. Alguna bajada ayuda a recuperar. De Sarriá a Portomanín, el perfil es de bajada y los últimos kilómetros se hacen muy rápido. El paisaje de llegada a este último pueblo es precioso y merece una parada en el puente de entrada al Pueblo. El antiguo pueblo de Portomanín estaba ubicada en el lecho del río, es por ello que todas sus casas sean blancas y de reciente construcción. Una rampa de 500 metros nos separa de la iglesia de san Nicolás, muy parecida a una Atalaya de defensa. Comemos algo y bajamos a la carretera de nuevo. Ahora empieza lo bueno. Una fuerte rampa nos sirve de arranque y luego otra cada vez mas fuerte. Bromeamos constantemente con la “bajada a Santiago”. El camino comienza a hacerse menos empinado y comienza a ondularse de nuevo. Llegamos al masificado pueblo de Palas de Rei. Pasamos por un polideportivo que en principio ignoramos y ya en Palas nos encontramos sin plaza donde dormir. Retrocedemos nuestros pasos y vemos una carpa enfrente del Polideportivo. Nos instalamos. Ducha y a comer rápido, antes de que nos cierren todo. A última hora nos dan de comer en un lugar cercano a una gasolinera. Siesta y bajamos al pueblo a celebrar la que mañana va a ser nuestra última etapa. Cerveza y buena música en la plaza del pueblo. La tarde noche, pasa entre ventosidades colectivas y música de semana santa del grupo de Cádiz que peregrina a Santiago. En todos los lugares hay uno donde te sientes como en casa. Hoy durante el camino he charlado con gente de Sanlucar, y algunos nenes, me comentan que hay gente del colegio donde di clase. “La Vero”. Cualquiera conoce a “La Vero” después de 7 años. Vivimos en un pañuelo. Pequeño pañuelo. Hoy han sido 65 kilómetros.
Día 9. 5 de Agosto de 2004. Palas de Rei – Monte do Gozo – Santiago de Compostela.
Hoy el trazado no tiene subidas y bajadas significativas. Solo toboganes que ayudan en la siguiente subida. Por ello optamos por el camino en vez de por carretera como habíamos echo en las dos etapas anteriores. Los kilómetros trascurren por un camino y un entorno fresquito y a la sombra donde los continuos encuentros con peregrinos a pie, hace que tengamos que frenar, avisar y pasar. Un pinchazo de Félix y seguimos, paramos porque a Guti se le ha caído algo y seguimos, a beber agua y seguimos. 12 kilómetros en hora y media. Pocos. Seguimos por el camino y un repecho muy tumbado con piedras sueltas, nos hace pensar en la posibilidad de seguir por carretera. Lo decidimos en una estación de servicio donde nos reponemos y llenamos bien las ruedas. Seguimos por la carretera ya que quedan aún 40 kilómetros y es tarde. No sabemos como va a estar de gente el Monte do Gozo. Cada uno mantiene su ritmo, sin perder contacto visual con el último. Comienza a llover. Vemos la señal del aeropuerto de Lavacolla (que viene de cuello, si de lavarse el cuello). Algunos van mejor que otros, pero al final todos llegamos. En el cruce del Mote do Gozo, Félix y Andréu siguen recto, luego retroceden y Bris, sencillamente se pierdo por el camino. Al final, volvemos a coincidir todos en el monumento dedicado a Juan Pablo II (Juanpa, para los coleguillas). Nos hacemos unas fotos con unas mozas que dijeron que las iban a colgar en la web de los “amigos del camino de santiago”. Si alguien las ve, que avise. Hay plazas de sobra. Duchita y nuestras mejores galas para bajar en taxi a Santiago. Comemos y vamos a por la Compostela. Y de ahí en adelante, todo es confuso. Vienen los de Almería y nos encontramos con los máquinas de Alicante. Empezamos el Paris-Dakar pero de forma muy aleatoria y terminamos tarde en un taxi de vuelta al albergue. Hoy han sido 67 kilómetros y otras tantas cervezas por barba.
Día 10. 6 de Agosto de 2004. Vuelta a casa.
Es el día de la despedida. Ayer ya lo hicimos con los demás. Guti y Bris, se dan la vuelta al aeropuerto para irse a Madrid. Félix, Andréu y yo volvemos a bajar a Santiago. Ellos alquilan un coche, y yo sencillamente me busco la vida para volver a Valladolid. En RENFE me dice que tengo que esperar al lunes, y hoy es viernes. En la estación de autobuses, me dan billete para mañana a las 8 de la mañana. Mejor da una piedra. Día solitario, por Santiago haciendo tiempo y probando su gastronomía. Ya tarde subí de nuevo al Monte de Gozo para dormir de nuevo en un prado anexo a los pabellones. Al día siguiente de noche y lloviendo, bajo de nuevo a Santiago. Algo malhumorado, pero contento me monto en el autobús. Este se dirige a La Coruña y luego Ferrol, desde allí baja a Lugo, León y Valladolid, parando en todos los pueblecillos y aldeas. Me relajo y disfruto. Al fin y al cabo, la aventura es la aventura. Ahora mi cabeza está puesta en las cuevas de Cantabria y los cañones de Guara. SIGO VIAJANDO. |
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